Había una vez una rana que vivía a orillas de un río y que ayudaba a otros animales e insectos a cruzar el río. Un día se acercó un escorpión y le pidió que lo cruzara a la otra orilla, la rana le djo que ni loca, sabía que apenas lo cargara en su lomo, el escorpión la mataría. Pero el escorpíon le dijo que no lo picaría porque si la mataba, se ahogarían los dos. A la rana le pareció lógico y, como era una rana muy buena, lo cargó en su lomo y empezó a cruzar. La rana lo llevó, pero en el medio del rio el escorpión la picó. La rana no podía ser de otra manera, por eso lo ayudó, ella no era desconfiada, siempre ganaba su naturaleza. En eso la rana y el escorpión eran iguales, ninguno podía cambiar su verdadera naturaleza. La rana era buena y el escorpión traicionero.
Como el escorpión,
nadie escapa a su propia naturaleza.
La naturaleza es como un río, nunca cambia su curso ni se puede nadar contra la corriente.
Asi que mejor dejarlo fluir y que la corriente nos lleve a donde tengamos que ir.
CA