Casi todas nuestras fantasías se desvanecen al despertarnos y quedan desterradas en lo más profundo de la mente. Aunque a veces, si nos esforzamos, podemos vivir ese sueño.
La fantasía es sencilla. El dolor es malo. Y no sentir dolor es mejor. Pero la realidad es diferente.
El dolor existe porque quiere decirnos algo. Y si es posible disfrutar sin acabar con dolor de estómago, quizá esté bien. Quizá algunas fantasías, sólo deban existir en sueños.