A todos en el colegio nos hicieron leer alguna vez Romeo y Julieta. Todos creían que era la historia de amor mas linda, la mas romantica, la mas tierna. Pero yo tenia otra opinión, le dije a mi profesora que Julieta era tonta, se enamora del único que no puede tener a su lado y después culpa al destino de su propia decisión. Mi profesora me dijo que cuando el destino se cruza en tu camino, a veces no tienes alternativa.
A los 13 años ya tenia muy claro que el amor, al igual que la vida, es fruto de las decisiones, y el destino no tiene nada que ver. A todos les parece tan romántico Romeo y Julieta el amor verdadero que pena, si fue tan tonta como para enamorarse del enemigo, tomar veneno e irse a dormir a una cripta, se merecía lo que le paso.
Quizá Romeo y Julieta estuvieran destinados a unirse, aunque solo durante un tiempo, luego pasó su momento, si lo hubieran sabido tal vez todo hubiera ido bien, le dije a mi profesora que cuando fuera mayor tomaría las riendas de mi destino que no dejaría a ningún hombre arrástrame al abismo, me respondió que si alguna vez sentía la pasión podía considerarme afortunada y que si la encontraba no nos separaríamos nunca.
Yo sigo creyendo que el amor es una cuestión de decisiones. Hay que dejar a un lado el veneno y la daga y buscar tu propio final feliz, casi siempre. Pero a veces a pesar de decidir lo mejor que puedes y de tus intenciones, el destino termina por ganar.